lunes, 17 de noviembre de 2008

Al sayyida al hurra

SAYYIDA AL-HURRA, UNA MUJER DE ORIGEN ANDALUSÍ
Gil Grimau, RI. Cervantes de Lisboa


La figura de Sitt al-Hurra -Sayyida al-Hurra bint Mawlây 'Alí ibn Rašîd es, tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia del norte de Marruecos, la de una de las más importantes personalidades femeninas del occidente islámico en la Edad Moderna, a la que en cierta medida, la vinculada al Estrecho de Gibraltar, resume dentro de los complicados cambios y trasvases de intereses, que se producen en los finales del siglo XV y comienzos del XVI en esta zona. Sitt al-Hurra pasa a ser una singularidad, una mezcla, un eje, en torno a los cuales puede moverse nuestra reflexión cuando la centramos sobre aquella complicada sociedad, que existió por entonces a los dos lados del Estrecho.
En 1453, los turcos osmanlíes conquistan Constantinopla, con lo que se termina el Imperio Bizantino, heredero del Imperio Romano de Oriente, y comienza el Imperio Osmanlí u Otomano, que durará hasta comienzos del siglo pasado. Es un largo periodo de la Historia el que se acaba con el mutis de Constantinopla y el estreno de Estambul; toda una parte de la Edad Antigua y toda la Edad Media completa. Y, sobre todo, un cambio de actitudes, de medios y de inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y comercial, que había existido hasta entonces.
A partir de 1487, los portugueses, que ya habían explorado la costa occidental de África y se habían asentado en el litoral marroquí, descubren el camino marítimo a la India, contorneando el Cabo de Buena Esperanza, y abren la nueva vía mercantil de las riquezas de levante, que hasta entonces había discurrido por el camino de los monzones, el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. La alteración del equilibrio anterior sufre en aquel momento un vuelco total. Puede decirse que es el período en el que empieza Europa e, incluso, en el que comienzan la expansión y el ideario coloniales modernos.
El camino oriental de las especias -y evidentemente el de otras muchas mercancías, bienes e influencias- transcurrió durante muchos siglos a través de la vía regular de los vientos monzones entre la India, y su entorno, y el Golfo Arábigo, sur de Arabia, y el Creciente Fértil (es decir, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto), desde donde proseguía hacia Europa. Roma controló en parte esta vía y el Imperio Romano de Oriente, o Imperio bizantino, continuaron fiscalizándola en lucha contra los sasánidas, hasta la aparición del Islam, cuyos califatos y estados absorbieron la mayor parte del Imperio bizantino, el Imperio sasánida y la propia vía en sí, que pasó a ser su columna vertebral económica.
Pero además del camino oriental de las especias, existía otro, de bastante menor intensidad aunque muy importante, que era el camino occidental del oro y de la sal, y que iba desde el Golfo de Guinea a los reinos subsaharianos, Marruecos y Al-Andalus; y de aquí a Europa. Era un mercado del oro, el marfil, las plumas de avestruz y los esclavos, fundamentalmente, a cambio de sal y de productos manufacturados. La vía discurría por tierra, mediante caravanas.
Ambas vías, ambos mercados, sufren el colapso causado por los descubrimientos marítimos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de América. Se produce un vuelco, como acabo de decir, al comprobarse que los dos caminos se pueden hacer completos navegando, en régimen de monopolio (durante bastante tiempo el monopolio es portugués) y a menor coste, es decir con mayores beneficios, puesto que el número de intermediarios disminuye considerablemente.
Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentan unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos perder la independencia. Este es el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra en la occidental. Egipto pasa a pertenecer al Imperio Otomano y Granada es conquistada por Castilla y Aragón.
Más adelante, algo más adelante, el descubrimiento de América y la prolongación hacia ella del imperio transmarino portugués, así como la formación del imperio español, crean una nueva vía, la del Nuevo Mundo, y provocan que varios estados europeos hagan todo lo posible por controlar alguna de esas vías, los territorios en las que se asientan y sus materias primas, para pasar a las conquistas y a los colonialismos
En estas circunstancias históricas y económicas, Marruecos, que, durante los imperios almorávide y almohade había sido el gran exponente del Islam occidental, sufre de todos los estímulos negativos exteriores e interiores, y el imperio meriní, implicado en la política granadina -y en la de los reinos cristianos europeos durante la Guerra de los Cien Años, ve mermar su capacidad política y su empuje; incluso su justificación como potencia islámica. En otro de mis trabajos he dicho, entre otras cosas, que: "Ser los defensores del Islam andaluz, no teniendo la colaboración entusiastade los propios andalusíes, obligó a los merimíes a toda clase de compromisos tácticos y, en estas componendas, se vio el deseo de los granadinos por manejar el reino meriní, y la atención de Castilla y Portugal por controlar el comercio africano procedente de Marruecos. No debemos olvidar también que, en esa época, los árabes Banû Hilal y Maqil procedentes de oriente, habían invadido el campo marroquí; obligando, entre otros cosas, a que las estructuras beréberes .se cerraran en sí mismas por reacción y defensa, poniendo así de manifiesto la debilidad interna del majzen meriní. Éste acentuó su carácter urbano, reducido a unas ciudades en donde la influencia administrativa, cultural y militar, de los granadinos, o de los andalusíes e hispanos en general, cobró mayor importancia (...) En medio de la descomposición fueron los burócratas del majzen, especialmente los visireswattasíes, los que acabaron por gobernar el reino sustituyendo a los merinïes(1)
Bajo los visires wattasíes la intervención política granadina disminuyó mucho, en tanto que los avances portugueses en las costas marroquíes progresaron, y así siguió la cosa hasta que, en 1471, los portugueses terminaron por apoderarse de Arcila -hay que recordar que ya tenían Ceuta desde 1415, aunque habían fracasado en Tánger en 1437- y el hasta hacía poco señor de Arcila se transformó en el primero de los sultanes wattasíes, inaugurando así una dinastía que prolongaba la inestabilidad interior. En estas circunstancias, es cuando se producen las primeras resultas específicas de la toma de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y será poco después cuando los reinos de Castilla y Aragón, unidos, emprendan la conquista del reino de Granada.
Los reinos marroquí y granadino habían pasado a ser "más que nada, unos avisperos de luchas internas y de debilidades" (2) y los wattasíes no vinieron en ayuda de los granadinos cuando el último estado andalusí fue "siendo devorado por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Mientras tanto, las plazas expugnadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio cómodo, gracias a sus treguas, paces y tributos con el entorno, hasta que los jefes de guerra musulmanes -como el granadino Sidi al-Mandri, en Tetuán, o su suegro Mawlay 'Alì ibn Rašíd, en Chefchauen- no empezaron un hostigamiento en serio contra ellas. El anterior empeño de los meriníes de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia watrasí y a la posterior debilidad saadí, fue lo que potenció y permitió el fenómeno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Hubo un abandono de las fronteras por parte de los sultanes wattasíes. Las plazas expugnadas por los cristianos peninsulares persistieron en su estado, no sólo por la debilidad de watrasíes y saadíes, sino también porque los soberanos de estas dinastías mantuvieron ese statu-quo de ocupación, con el fin de tenerlas como puntos de apoyo y ayuda para sus problemas sucesorios internos. La reconquista, el hostigamiento y la presión se los dejaron a los periféricos; periféricos que eran, en buena parte, andalusíes fuertemente influenciados por el último Al-Andalus: Al-Mandri fue, como todo el mundo sabe, un alcaide granadino inmigrado a Tetuán, junto con otros patriotas, antes de la caída de Granada. Ellos fueron los que repoblaron y reconstruyeron la ciudad y Al-Mandri se casó con Sayyida al-Horra, hija de Mawlay Alì ibn Rašid y de Lal.la Zuhra, una mudéjar de Vejer de la Frontera. Los tres habrían de ser los campeones de la resistencia en el norte, en forma casi independiente del poder wattasí central`.
El sistema de acrobacias y presiones múltiples de los estados, tanto islámicos como cristianos, de la Baja Edad Media, se altera en beneficio de un enfrentamiento ideológico y económico de dos grandes bloques, uno de ellos el otomano y otro el español imperial, en principio, ambos expansivos. Marruecos va a ser apetencia de ambos y terreno de disputa de los dos, y de los portugueses, sin que ninguna de estas fuerzas extrañas al país consiga apoderarse de él. Y aquí entra la figura de Sayyida al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y sus formas de actuar.
En realidad, es poco lo que se sabe de la Noble Dama aunque haya bastantes referencias históricas respecto a ella, algunas europeas. Aquí, yo no pretendo aportar nada nuevo a su estudio, sino sólo unas reflexiones estimativas. Su historia ha sido estudiada, en lo que ha sido posible hasta cada momento, por tetuaníes e investigadores muy próximos a Tetuán y a Chefchauen como Sidi Muhammad Dawud, Abderrahím Yebbur Oddi, Sidi Muhammad Ibn 'Azzúz Hakím y Guillermo Gozálbes Busto (4), independientemente de otros como Chantal de la Veronne o Robert Ricard, por ejemplo.
Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, o Sitt al-Hurra, la Noble Dama pudo haber tenido o no el nombre propio de 'Ayša, a juicio o no de Dawud y de Ibn 'Azzúz, en cuyo caso lo de al-Hurra -la libre- sería un apelativo que le fue dado cuando tomó el gobierno de Tetuán. "In 1515, upan the death of her husband, though already confirmed prefect of 'retoman, gained the tale of al-Hurra, that is, a woman wielding sovereign power (5), dice un texto actual trasladando esa opinión, aunque el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar Noble Dama y lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Lo cierto es que fue hija de Mawlây ibn al Rašîd, šarîf descendiente de Sidi 'Abd al-Salâm Ibn Mašîš, y de Lal.la Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la Frontera, cerca de Cádiz, o tal vez una elche.
El nombre propio de 'Ayša, que a veces se le atribuye, puede venir de una identificación de nuestra Sitt al-Hurra con otra piadosa y Noble Dama de ese nombre y tiempo, que fue la madre del cronista Iba A`skar. El padre de la nuestra, que seguramente había combatido en las últimas guerras de Granada a favor o en contra de los reinos cristianos peninsulares, se había convertido en un príncipe prácticamente independiente de los wattasíes de Fez, formando un mini-estado en Benî 'Arûs, Benî Husmar y Ŷebâla, con capital en Chauen, ciudad que fundó poblándola con gente de la comarca y con andalusíes, especialmente los emigrados granadinos que escapaban del avance de los Reyes Católicos.
De su madre sabemos que tenía un hermano, Martín Fernández, que islamizó igualmente, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de 'Alì Femando; persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de Arçila.
"Del matrimonio Ben Rašid Zuhra hubo dos hijos. Un varón Mawlay Ibrahim y una hembra Sit al Hurra. El primero, probablemente el primogénito, alcanzó las más altas cimas de la fama y del poder entre sus contemporáneos. Sucesor de su padre en los dominios de la montaña, fue además, valido del sultán de Fez, el cual, por añadidura le debía el trono (...) Su hermana, Sit al Hurra, no queda atrás en cuanto a fama y carácter. Debió casarla su padre siendo aún una tierna adolescente con el ex alcaide granadino, Alì al-Mandari, el fundador de Tetuán" (6)
'Alì al-Manzarî, probablemente con una ظ, o sea al-Mantarî de una localidad granadina llamada Al-Mantâr, fonéticamente transformado en al > Al-Mandari > Al-Mandil, apellido que aparece en documentos granadinos como Al-Manzari o Al-Manziri, y en documentos referentes a moriscos granadinos trascrito como Mandad, era procedente del Reino nazarí de Granada, con cuya familia real estaba emparentado por su matrimonio con Lal.la Fátima, de quien seguramente tuvo hijos que debieron formar parte de la aristocracia tetuaní.
Cabe la posibilidad de que haya conocido a Ibn Rašîd en las guerras de Granada, cuando él era alcaide de Pinar, una fortaleza granadina que al parecer rindió a los Reyes Católicos, quizás a instigación de Boabdil, y que se haya venido a Yebâla por invitación de aquél, asentándose en la zona de Tetuán para establecer una ciudad fortificada, inmediata al río, que entonces era navegable y útil para el corso, muy próxima a Ceuta, a la que podía controlar puesto que era plaza fuerte portuguesa. A los muŷâhidîn, como he dicho antes, competía vigilar y luchar contra la intervención extranjera, ya que el poder central wattasí era débil, y eso era lo que se habían propuesto hacer Mawlây 'Alì ibn Rašíd y sus aliados; tanto más los granadinos inmigrantes, que esta manera continuaban su guerra.
Tetuán fue reconstruida por los granadinos en 1485 o 1486 y cabe suponer, también, que en ese momento, Al-Mandil estaría entre los treinta y los cuarenta años, dada su vida adulta anterior, las responsabilidades que había desempeñado, la emigración y el tiempo que tardó en construirse el blad, o núcleo urbano inicial de la ciudad reedificada.
De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del poder, en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que se había ido quedando progresivamente ciego tal vez por una herida de guerra, hay unos veinticinco años en los que deben haberse producido el nacimiento de la misma Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio aprendizaje político. Es posible, sin embargo, que no se haya hecho cargo del poder en 1510-1512, en nombre de su marido, sino que haya habido un reparto de funciones, por decirlo de algún modo: el gobierno interno de la ciudad para ella y el campo de batalla para él, hasta que el guerrero se ve obligado a quedarse en casa alrededor de 1520.
Podríamos pensar que nuestra Noble Dama nació en torno a 1485, algo después que su hermano Mawláy Ibrâhim, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y una vez que su padre estaba ya firmemente asentado en su estado de Chauen y de toda la región. Podríamos pensar, también, que se casó con Al-Mandarî en torno a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos, lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo, puesto que ella aprendió a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios.
Ciertamente que hay otras posibilidades. Una, la expuesta par Dawd y otros autores marroquíes, de que no fue 'Ali Al-Mandarî el marido de Sayyida al-Hurra, sino un sucesor suyo del mismo nombre, tal vez un nieto. Otras, las que presumen una ocupación del poder por un hecho de facto: "She come into power, managing her hu.sband's affairs in and around 916//510. Shortlv after, shr· got hercelf named governor of that city-state” (7). El académico Gozálbes Busto piensa, por el contrario, que: "La Noble Dama estuvo casada con el genuino Mandarî, elfundador de Tetuán. Y no hubo más guerreros ni dirigentes con ese nombre en la historia tetuaní (8) Y dice que: "En el momento de su muerte Sidi ´Alí Al Mandarî llevaba muchos años inactivo del campo de batalla y, probablemente, como rector de los asuntos de la ciudad por él fundada. Su mujer, Sit Al Hurra bent Rašid soportaba desde hacía tiempo el peso de aquellos asuntos internos que no requerían una especial técnica o distinto saber del habitual (...) Por lo demás, ella no figuró nominalmente como dirigente, .sino cuando su marido, impotentepor la edad y la ceguera, quedó prácticamente arrinconado en su propia senilidad (9)
Lo cierto es que, en torno a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos con un hijo de Hasan Hâsim o quizás Hâšim, granadino inmigrado procedente de Baza y tal vez rival de Al-Mandri en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra estuvo apoyándose más o menos verbalmente en su yerno Ahmad para regir Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido, a partir de 1527, en su hermano Mawlây Ibrâhim, que gobernaba en Fez como valido del sultán Ahmad al-Wattasî .-Acaso fue en esos años cuando otra hija de la pareja se casó con un tal Abu 'Alì o Bu'alì, asimismo de origen granadino, vinculado a una familia que más tarde intervendría activamente en la sucesión de Al-Mandrî y de la propia Sayyida al-Hurra. Y debió de ser igualmente en esa década cuando Al-Mandrî tuvo que dejar los campos de batalla para cuidar de su salud, y Sayyida al-Hurra se ocupó mucho más de todo lo referente a la ciudad, a su política y a su economía, seguramente sostenida por la presencia física y los consejos expertos de su marido.
La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca posterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos peninsulares. Al-Mandrî y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia, aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. "She then made eontact with the Turkish corsair Barbarosa, and assembled a leet, then launched finto privateering in the western Mediterranean, becoming the undisputed Queen of the Pirates in that region`. (10)
El empeño que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concitó en contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de los acuerdos internacionales. No pareció importarle verdaderamente hasta 1539-1540.
En 1539 murió Mawlây Ibrahîm, el hermano uterino de Sayyida al-Hurra y su protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sidi Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó intervenir en Tetuán. Gozálbes Busto cree que Al-Mandrl continuó en vida hasta 1540: "Todavía suspiraba por España el viejo caudillo", (11) dice siguiendo un testimonio contemporáneo; pero, de todas formas, murió en ese año.
Muerto su marido, ella continuó rigiendo la ciudad con un asociado más o menos ficticio, que fue su mismo yerno Ahmad, probablemente con menoscabo para su otro yerno Bu `Alì, lo que habría creado rivalidades entre sus dos hijas. Sin embargo, dadas las dificultades que se le fueron acumulando, en 1541 dio un vuelco a la situación, logrando que el propio sultán Ahmad al-Wattasî se casara con ella. Con lo cual "prescinde evidentemente de todos los prejuicios y maneja a su antojo los asuntos de la región"(12) "After the death of her husband, she married the King of Morocco, Ahmed al-Wattasi. In order to show hin that she had no intention of giving up her political role in the north, she reguested that he leave his capitol of Fez and come to Tetouan for the ceremony. lt wa.s the only time in the history of Morocco that a king was married away from the capitol. (13)
En esta boda real debemos ver, casi con toda seguridad, un interés para ambas partes. El beneficio para Sayyida al-Hurra parece evidente: conseguir un nuevo mantenedor político, el máximo, si no el mejor tal vez. El dividendo para el sultán, independientemente de la amistad que tuviera por su valido muerto, debe haber sido muy importante como para ir a casarse a otra ciudad, que no era la capital, con una súbdita suya; un dividendo político y el mantenimiento de una prosapia que le garantizaba el orden y el vigor en el norte del país, dentro del modernismo representado por los andalusíes.
Sin embargo, en 1451, el gobernador portugués de Ceuta cerró el puerto al comercio de Tetuán, por causa del excesivo celo de la gobernadora en la protección del corso y por el incumplimiento de los acuerdos. No sólo muchos tetuaníes, portugueses, españoles y otros se sintieron perjudicados con este cierre, sino que el propio sultán se quejó y trató de intervenir diplomáticamente. Esto, unido a las banderías interiores y a la misma personalidad de al-Hurra, tal vez muy excluyente, precipitó un final brusco.
El 22 de octubre de 1542, Hasan Hâsim o Hášim, el consuegro de Sayyida al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo Ahmad, y las facciones contrarias a la gobernadora, entró en Tetuán y dio un golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expulsándola de la ciudad y arrebatándole los bienes. "Sometime lt u,asn't until 949/1542 that she was deposed, holding power in the region front Tetouan for over thirty years" (14). Efectivamente, fue "Citalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad' -como dicen los Anais portugueses- durante más o menos treinta años. "Al-Hurra ibn Banu Rašid al-Mandri alWattasi Hakima Tatwan wa.s a Moroccan of Andalusian origin. The last one in Islam 's History lo bear the title al-Hurra" (15), resume su vida el texto en inglés con el que aparece en las bases de datos informáticas actuales.
Este 'golpe de Estado' queda muy oscuro. Parece ser que Hâšim el viejo salió de Fez porque había sido ofendido por el sultán, marido entonces de Sayyida al-Hurra, aunque había ido con él después de la boda y era tratado como alcaide; parece incluso que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, si bien parece que lo hicieron. Ni sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a ser más fáciles que ella misma.
¿Qué fue de Sayyida al-Hurra después? No lo sabemos.
Parece del mismo modo que haya regresado a la casa paterna en Chauen, en donde se aisló y en donde probablemente falleció, ignoramos en qué fecha. Está enterrada cerca de esa casa, en la zâwiyya raisûniyya.
Una vez desaparecida de Tetuán, la ciudad fue gobernada por su yerno Ahmad, y puede que por un hijo de éste, o sea un nieto de al-Mandrí y de Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido Al-Mandrí, y en tal tiempo hubo luchas entre los Hásim o Hášim y los Abu `Alí, o sea guerras internas familiares que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocuparla ciudad por tropas en buena parte de origen morisco, en 1562.
¿Cuáles pueden ser las reflexiones que tengamos, y la valoración que hagamos, acerca de esta mujer -la Noble Dama de cultura mixta- de su personalidad, su carácter, sus acciones y su circunstancia?
Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como ésta -así de contrastada entre luces y sombras- tanto más cuanto que no disponemos, por ahora, de más material histórico que el analizado por los historiadores antes dichos, ni de más fuentes. Tal vez convenga, no obstante, repasar los datos que tenemos desde dentro, subjetivamente, empezando por la circunstancia, que por supuesto es la de la etapa en la que vivió y fue protagonista de cosas.
Aquella fue una época en la que se reequilibró prácticamente todo: las vías comerciales, el concepto y la anchura del mundo, el concepto del Estado, la ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la emigración, el saber, los índices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el arte... ¡y cuántos factores más! La gente que participó, dentro del área siempre sensible y compleja del Estrecho de Gibraltar, lo hizo adecuándose a las nuevas medidas sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo mantenerse en pie de cara a la ola por falta de un suelo estable. Es lo que probablemente ocurrió con Sitt al-Hurra. Sin embargo, ella tuvo el coraje y la inteligencia de ser una protagonista de la circunstancia.
Sus acciones fueron seguramente las adecuadas dentro de su entorno político y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque procedía de una familia de gobernantes y estaba casada con un caudillo; el gobierno y la dirección eran su ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, o su marido le propuso que lo hiciera, lo hizo, quizás con un endurecimiento y un exclusivismo progresivos que terminaron por perjudicarle. No supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre, en una sociedad de hombres, y quiso ser ella misma el hombre con un comportamiento de tal y con desafío; lo cual, en aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.
Que tuvo un carácter serio, acaso minucioso y atento a todo, pero recio, parecen probarlo su vida y sus acciones. Que utilizó a las personas que la rodeaban, no dándoles la suficiente autonomía, posiblemente. Que amó la libertad y la eficacia, también, y no sólo por sus hechos y por su lucha en contra de los invasores enemigos, sino por un más que probable combate interior en contra de la gente versátil, acomodaticia, vanamente ambiciosa o cerril que la debió rodear. Y podemos suponer que sintió afectos fuertes: la amistad y la confianza con su hermano uterino, y la deferencia, quizá la admiración y en todo caso la colaboración respecto a su marido, pueden ser un testimonio.
Su personalidad parece haber estado muy marcada por la de su madre, una mujer de otra cultura, o de cultura mixta, seguramente voluntariosa y adaptable. Indudablemente lo estuvo por su padre, un constructor de Estados, un jefe. Y, sin duda, por Al-Mandri, su marido, tan parecido a su padre por la ocupación pero también a su madre por el origen. No debió ser una mujer altiva, aunque sí convencida de poder superar a todos, por lo que terminó pecando de confiada. Y, por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y última de su vida, lo que el Altísimo le fue dando.
NOTAS:
1. GIL GRIMAU, Rodolfo, "Ceuta y Melilla en los siglos XV y XVI", Cuadernos del Archivo Municipal, Ceuta. La frontera sur de Al-Andalus, Estudios de africonismo español y el Magrib, Madrid, IEEI, en prensa
2. Ibíd.
3. Ibíd. Hago unas pequeñas correcciones al texto citado.
4. MUHAMMAD DAWUD, TartJTnwan, Titwan, 1959-1379. IBN'AZZUZ HAKÍM, Muhammad, "Silla al-Hurra, princesa de Chafchauen", Cuademos de la Biblioteca Española de Tetuán, 15, Tetuán, 97-115. YEBBUR ODDI, Ahdenahdm, "Los Ben-Rached de Chefchauen y su significación en la Histona de Marruecos septentrional", Tetuán, 1953. GOZÁLBES BUSTOS (sic,), Guillenno, "Sn al Hurra, gobernadora de Tetuán (siglo XVI)", Actas del Congreso Internacional El Estrecha de Gibraltar 1987. UNED, 1988, Madrid.
5. www.ottoman-traders.contBio2.html
6. GOZÁLBESS BUSTO, op. dr 463.
7.www.ottoman-traders.contBio2.html
8. GOZÁLBES BUSTO, op. cit. 468. lbíd. 468-89.
9. www.ottoman-traders.contBio2.html
10. thíd 469
11.lbid 470
12 www.ottoman-traders.contBio2.html